venerdì 30 gennaio 2026

… Antes de que existiera la autopista Santo Domingo - Nagua, el aeropuerto del Portillo era una puerta abierta...



Desde mi libro autobiográfico CUANDO LA MÚSICA SE APAGA:

… Antes de que existiera la autopista Santo Domingo - Nagua, el aeropuerto del Portillo era una puerta abierta.
No grande, no cómoda, suficiente para conectar Las Terrenas con el resto del país sin tener que cruzar media isla..
Había vuelos diarios de ida y vuelta operados por Aerodomca. Eran puntuales a su manera, sujetos más al clima que al reloj. Se despegaba del Portillo y, en poco más de media hora, se aterrizaba en Santo Domingo, en el aeropuerto de Herrera. El ahorro era enorme: cinco horas menos de carretera, evitando el paso largo y cansado por Nagua, Pimentel, Maimón y otros pueblos que alargaban el viaje hasta convertirlo en una prueba de resistencia…
…Con pocos miles de pesos se viajaba cómodamente a la capital y se volvía. Sin ceremonia. Sin controles excesivos. El equipaje era ligero. El cielo hacía el resto.

Una vez, apenas después del despegue, cuando el avión todavía ganaba altura, ocurrió lo impensable. El motor se apagó.
El sonido se cortó de golpe.
La hélice dejó de girar.
Hubo un silencio denso, instantáneo. Luego el murmullo. Luego el miedo.
—¿Qué pasa?
—¿Se apagó?
El piloto sonreía. No una sonrisa tranquilizadora, sino profesional. De esas que no piden confianza, la imponen. Giró suavemente, alineó el avión y regresó a la pista como si fuera parte del procedimiento habitual.
—Nada grave —dijo al tocar tierra—. Cambiamos de avión.
Dos horas después, otro aparato nos llevó a Santo Domingo. Algunos pasajeros no subieron. Prefirieron quedarse. El miedo también es una forma de decisión…
… Con la construcción de la autopista, muchos empezaron a elegir el automóvil y el bus. Tres horas hasta la capital, sin hélices, sin sorpresas. El vuelo comenzó a vaciarse.
El golpe final lo dio el cierre de Herrera. Los vuelos fueron desviados a El Higüero, lejos del centro y caro de alcanzar en taxi. La conveniencia desapareció. El cálculo cambió.
Poco después, el aeropuerto del Portillo dejó de existir.
La pista fue absorbida por el crecimiento.
La pequeña caseta de madera que hacía de torre de control desapareció sin ceremonia.
Ahora no queda nada.
Ni asfalto, ni aviones.

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