Desde mi libro autobiográfico CUANDO LA MÚSICA SE APAGA:
Jeannie llegó a visitarnos a mediados de septiembre de
2004…
…Cuando empezó a hablarse
de tormenta tropical, en Las Terrenas nadie parecía realmente
preocupado. Circulaba una especie de certeza tranquilizadora, repetida casi
como un proverbio:
—Las Terrenas está
bendecida por Dios. Aquí no llegan los huracanes.
Esa convicción colectiva
contribuyó a la calma aparente. A no tomarse demasiado en serio las
advertencias…
El nombre mismo —tormenta
tropical— sonaba casi inofensivo. Una molestia pasajera. Una noche difícil,
poco más.
Me equivoqué…
…Al amanecer, cuando el
viento finalmente cedió Las Terrenas ya no era Las Terrenas.
El verde había
desaparecido. Literalmente. Ningún árbol había resistido la furia de Jeannie.
Palmeras dobladas, troncos arrancados, ramas por todas partes. Casas heridas,
algunas abiertas como cajas rotas. Y todo eso había sido provocado por lo que
oficialmente no era más que una tormenta tropical.
Pero Jeannie se había
detenido sobre nosotros.
Y esa permanencia fue devastadora.

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